La brecha digital: ciberutópicos y pesimistas digitales

Por Marilín Gonzalo @marilink Publicado en diarioturing Tecnología y sociedad en red en eldiario.es, en fecha 7 de marzo de 2014.

Si hay un espacio de libertad que puede terminar con las desigualdades de antiguas estructuras e instituciones, ese parece ser Internet, con sus modos díscolos y su insurgencia frente a esquemas tradicionales. Si hay una nueva “tierra prometida”, esta parece estar muy cerca del acceso al conocimiento que nos da la red.

La red de redes ha ido revolucionando industrias y modos de organización a escala mundial. Se ha convertido además en el nuevo espacio público, sin necesidad de reconocimiento de autoridades, gobiernos o medios de comunicación. Si antes decíamos “lo ha dicho la tele”, ahora “lo vi en Twitter”, “está en Youtube” o “envíame el enlace” son las nuevas formas de legitimación de los contenidos que nos llegan.

Los modelos de grandes industrias, como la música primero, el cine, los medios de comunicación después, y ahora también las editoriales se ven tambalear cuando los hábitos de consumo cambian y las herramientas de producción se hacen accesibles a más personas. Ya suena a lugar común hablar de las posibilidades que implica subirse en esta nueva nave que nos impulsa hacia el futuro.

Contra este optimismo digital surge el escepticismo de pensadores como Evgeny Morozov. La idea que subyace en la visión de los ciberutópicos, explica Morozov, es que si das dispositivos y conectividad a las personas, la democracia surgirá inevitablemente.

El problema con este tipo de argumento, explica Morozov, es que confunde los usos deseados con los usos reales de la tecnología. Tenemos las herramientas para terminar con las desigualdades, pero ¿lo estamos logrando o es una declaración de intenciones? Morozov define Internet como el nuevo campo donde los métodos de control siguen reproduciéndose, porque los gobiernos totalitarios han aprendido a manejar el ciberespacio.

La visión crítica hacia aquel optimismo viene desde hace tiempo, cuando se empezó a hablar de la brecha digital, o fractura digital, que es la cantidad de personas que tienen acceso a Internet, entendido como dispositivos más conectividad.

Según la Unión Internacional de Telecomunicaciones (ITU), el 39% de la población mundial está conectada, pero en los países en desarrollo ese porcentaje es del 31%, mientras que en los países desarrollados es el 77% el que tiene acceso a Internet. Otra institución, esta vez financiera, como el Banco Mundial, da cifras similares: en 2011, de cada 100 habitantes de países desarrollados, 67,4 estaba en Internet, mientras que en el resto de los países esta cifra caía a 27,96.

El crecimiento del acceso a Internet no se detiene, pero a pesar de la tendencia positiva, el 90% de no-conectados pertenece a países pobres o en desarrollo. Es decir, de acuerdo con los estudios, dos tercios de la población mundial están desconectados de Internet y de las oportunidades a las que un tercio privilegiado tiene acceso.

Para entrar en Internet se necesita electricidad o baterías, un dispositivo (ordenador o teléfono inteligente), conexión (infraestructura y acceso a esas redes). Pero para ser parte activa y construir algo en la sociedad de la información se necesitan, además de lo dicho, alfabetización –damos por descontado el saber leer, escribir y manejar un teclado– y habilidades específicas de uso del ordenador, del software y las redes. Y cuando Internet empieza a ser más accesible a todos, cabe preguntarnos si los que vamos a bordo de esta nave estamos en la sala de control o sólo vemos las olas pasar.

Aquí nacen las otras brechas digitales, las desigualdades dentro de la brecha. Según un informe encargado por Intel con la colaboración de ONU Mujeres, a escala global en los países en desarrollo, un 25% menos de mujeres que de hombres tiene acceso a Internet, disparidad que se eleva a un 45% en regiones como el África subsahariana.

Incluso en economías que están creciendo rápidamente, la brecha es grande: alrededor de un 35% menos de mujeres que de hombres en el sur de Asia, Oriente Próximo y el norte de África se conecta a la red y alrededor de un 30% en algunas partes del continente europeo.

Los coches pueden no ser un derecho, pero la posibilidad de moverte con libertad ciertamente lo es. Internet es más como el sistema de carreteras que como un coche.

El coste económico, el analfabetismo, la falta de conciencia de las oportunidades, y la desigualdad que existe entre unos y otros países e incluso dentro de ellos, hace que estas brechas también se manifiesten en el acceso a la tecnología, dejando a millones fuera de la nave. Internet, además, es un espejo que nos muestra la gran desigualdad presente en el mundo y que estamos perpetuando si no hacemos algo para cambiarla.

Por lo tanto, saber qué hacemos quienes ya estamos en la red también interesa. Si la forma y el grado de participación es un parámetro importante, los estudios hablan por ejemplo de la regla del 1%, o principio del 90–9–1, una ratio que varios estudios en comunidades online, como Yahoo, Flickr, Wikipedia o Menéame han confirmado, donde el porcentaje de productores de contenido es sumamente reducido. La ratio de creadores/consumidores es de un 0,5% también en un estudio llevado a cabo en Twitter en 2011 que confirmaba que sólo una “élite” de 20.000 usuarios generaban tuits con el 50% de las URL que el resto consumía.

Respecto del tipo de actividad, Morozov estudió una jerarquía piramidal de cibernecesidades: nos dedicamos más a 1) divertirnos, 2) hablar, 3) compartir en redes sociales, 4) aprender (en sitios como Wikipedia o las charlas de TED) y, finalmente, 5) a actuar en campañas o por causas a las que nos adherimos.

Cuando usamos Internet de forma activa y colectiva, los cambios son tan grandes que equivalen a cambios de categoría y no sólo de escala. En este sentido, Steve Levy observó, al escribir sobre el cambio que significó la aparición del iPod, que si uno hace algo un 10% mejor, logra una mejora, pero si hace algo 10 veces mejor, crea algo nuevo.

Internet no sólo puede hacer que nos comuniquemos mejor, sino que el grado y el alcance de esa comunicación transforma la manera en la que actuamos y vivimos. Hasta tal punto que el acceso a Internet ha sido considerado por Naciones Unidas como un derecho humano, porque posibilita la educación, la libertad de expresión y la libertad de reunión de maneras nuevas. Vint Cerf, uno de los padres de Internet, no está de acuerdo, porque considera que la web como herramienta no puede ser un derecho en sí, sino que lo es aquello que posibilite hacer esa herramienta.

Mathew Ingram, un periodista especializado en temas tecnológicos, justificaba la decisión de la ONU diciendo: “Los coches pueden no ser un derecho, pero la posibilidad de moverte con libertad ciertamente lo es, e Internet es más como el sistema de carreteras que como un coche o un caballo”.

El agua antes que Internet, o las matemáticas antes que aprender a programar. La idea de que hay que tener primero ciertos derechos o saberes, para que después vengan las “nuevas tecnologías”, como si el aprender no fuera parte de un proceso en el que el tener una ventana abierta al mundo y estar conectado en redes no favoreciera de manera multiplicadora ese aprendizaje, transformándolo en sí mismo. Como si al analizar el enorme salto que hizo dar la imprenta a la humanidad pudiéramos separar la herramienta del alcance que permitió.

Hay un momento en todo debate en el que se menciona la brecha digital como excusa para quitar importancia a Internet, para recordarnos que estamos dejando fuera a quienes no pueden acceder a un ordenador… Y olvidamos así una gran brecha analógica que es y ha sido mucho más grande, pero también más invisible. A ella se refirió brevemente Juan Luis Sánchez en nuestro número anterior, a aquella cantidad de gente –siempre mayor numéricamente– que por una infinita variedad de causas no podrán estar en un lugar definido en tiempo y espacio.

La brecha digital es un concepto que ha sido usado como excusa muchas veces para negar o subestimar el impacto que tiene Internet sobre el progreso de la sociedad y los individuos conectados. Podemos hablar de cantidad de smartphones o banda ancha por país, pero la distancia analógica siempre será mucho mayor, meramente por posibilidades numéricas, ya que Internet permite conjugar personas, espacios y tiempos que analógicamente no es posible conectar.

El optimismo no está mal, pero deberíamos dejar de pensar en términos de “iPods per cápita” y más en qué estamos haciendo los que sí accedemos a Internet, cómo podemos fortalecer a los intelectuales, a los disidentes, a las ONG y a los miembros de la sociedad civil. Como propone Morozov, “debemos callarnos nuestras conjeturas ciberutópicas y empezar a hacer algo efectivamente”.

Si se trata, como dijo William Gibson, de que el futuro ya está aquí, sólo que no está distribuido equitativamente, quienes somos testigos de sus posibilidades tenemos tarea por hacer.


Relacionado│Artículos escritos por Evgeny Morozov │http://elpais.com/autor/evgeny_morozov/a/

¿Qué cambia cuando se evalúa el aprendizaje en línea?

Por Lourdes Guàrdia. Publicado en El País Blogs Sociedad│Traspasando la línea. Albert Sangrà Morer. Lunes 3 de marzo de 2014. 

Lourdes Guàrdia es profesora de la Universitat Oberta de Catalunya y Directora del Máster Universitario en Educación y TIC (e-learning). Ha llevado a cabo diversos proyectos de investigación e innovación en el ámbito del diseño de aprendizajes y su evaluación. Es doctora por la Universidad del País Vasco.

Es indiscutible que en las dos últimas décadas las diferentes reformas educativas y la introducción generalizada de las TIC están siendo la excusa para replantear el sistema educativo, o al menos para cuestionarlo. A pesar de ello, en tales reformas y transformaciones, todavía pocos foros cuestionan suficientemente cómo debe llevarse a cabo la evaluación de los aprendizajes para que ésta responda a los nuevos escenarios. Si, además, estos se desarrollan en un entorno digital, el reto todavía es mayor.

Algunos estudios realizados por JISC (Joint Information Systems Committee), en Gran Bretaña, así lo demuestran, ya que destacan que hay todavía una brecha entre la innovación en métodos de evaluación que llevan a cabo algunos círculos limitados, o “early adopters”, y su transferencia a gran escala. Dichos estudios subrayan que las TIC amplían las potencialidades de la evaluación, sobretodo en lo que al seguimiento y acompañamiento del estudiante se refiere.

No obstante, en el ámbito de la educación en línea, por ejemplo, cuando diseñamos una actividad educativa, a menudo nos focalizamos más en el formato de los recursos de aprendizaje para hacerlos interactivos, atractivos y accesibles a cualquier público, y pocas veces tenemos en cuenta cómo vamos a evaluar el proceso y los resultados de aprendizaje de los estudiantes cuando realicen dicha actividad.

Es más… ¿Cuánto tiempo dedicamos los educadores a proponer diferentes estrategias de evaluación centradas en estimular y a guiar el desarrollo de determinadas competencias más que a otorgar una calificación final? Si las herramientas y técnicas de monitorización cada vez son más simples y accesibles para cualquier usuario, ¿porqué no las introducimos? Está claro que contemplar el uso de éstas implica dedicación, ya sea de los formadores y docentes, ya sea de los propios estudiantes, ¿pero es éste el principal inconveniente o es una cuestión de resistencia al cambio de modelo evaluativo?

Con ello queremos destacar que la evaluación es un elemento clave del proceso educativo que a menudo no es tenida en cuenta cuando se diseña una secuencia de formación sino a posteriori, y acaba remitiéndose de forma generalizada al uso de técnicas que no permiten valorar el cómo se aprende, sino el qué, y sólo en parte. A veces ni siquiera evaluamos aquello que creemos evaluar.
 
Hablamos encarecidamente de la formación por competencias, pero seguimos evaluándolas mayoritariamente mediante exámenes que miden nuestra habilidad memorística o la habilidad para resolver problemas descontextualizados. ¿Qué técnicas de evaluación serían las más adecuadas para un enfoque de aprendizaje basado en competencias? ¿Pueden las TIC transformar las prácticas evaluativas? La evaluación debería darnos información útil para apoyar al estudiante a lo largo del todo el proceso formativo y ayudarle a lograr las competencias planteadas en relación al perfil profesional anunciado en el currículo.
En este sentido, a pesar de que no es una metodología nueva, ha resurgido una práctica evaluativa a la que la tecnología le da un plus que antes no tenía, nos referimos a los portafolios electrónicos o ePortfolios
 
Un ePortfolio es una estrategia o una herramienta que muestra una selección de evidencias en relación a las competencias que una persona o una organización ha ido desarrollando a lo largo de un período. En función del objetivo del ePortfolio y de la audiencia a quien se dirige, la selección de evidencias y su presentación contemplarán elementos de reflexión y el uso de diferentes soportes y medios que faciliten su comprensión, visualización y evaluación.

Si dicha estrategia consiste en la recopilación de evidencias de aprendizaje por parte del estudiante con el objetivo de que diferentes actores sociales puedan valorar el proceso y resultado obtenidos, quizás sería interesante intensificar su uso como metodología de evaluación.

Dicha práctica incluso va más allá del contexto educativo, ya que la evaluación de las competencias que cualquier ciudadano desarrolla a lo largo y ancho de su vida se da también en el ámbito social y profesional. Si cada individuo construyera su propio ePortfolio desde edades tempranas, recogiendo evidencias de los aprendizajes adquiridos a los largo de su vida, podría usarlo con diferentes finalidades; quizás el famoso currículum vitae pasaría a un segundo plano y para un empleador sería más interesante visitar el ePortfolio de un candidato que se presenta a un puesto de trabajo, porqué le mostraría pruebas del talento y competencias que posee el individuo que está valorando; su comunidad social o profesional lo usaría para tenerle en cuenta por su know how, talento y habilidades, o bien se usaría como termómetro particular para detectar les necesidades de formación y así desarrollar un Plan de Desarrollo Personal.
 
En esta línea, en los últimos cinco años hay una fuerte tendencia en Europa hacia la promoción del uso de los ePortfolios como un elemento que puede contribuir al desarrollo de una identidad digital para cada ciudadano en un sentido amplio. Algunos proyectos internacionales como Europortfolio Network promueven la creación de redes y comunidades de prácticas de usuarios e investigadores que usan el ePortfolio con diferentes objetivos.

Incluso los participantes en los MOOC pueden usar los ePortfolios como sistema de recogida de evidencias de las experiencias de aprendizaje vividas y aportarlo para su valoración y posterior acreditación.  Downes también hace hincapié en la idea de que aquellos que sean capaces de mantener un ePortfolio les será útil para acreditar sus aptitudes y para presentarse de forma breve ante cualquier actor social.

Dejo este ejemplo del ePortfolio como estrategia de evaluación desde una perspectiva multidimensional para la reflexión. ¡El debate sólo acaba de empezar! 


Una batalla cultural para reducir la brecha

Una ONG feminista organizo un Seminario internacional sobre las nuevas tecnologías como herramientas de inclusión. Por Sonia Santoro. Publicación de Página│12. Fecha 03 de marzo de 2014.


La Asociación Mundial para la Comunicación Cristiana realizó un encuentro entre comunicadores, hombres y mujeres del Cono Sur, donde se trató la necesidad de expandir fronteras tecnológicas mediante la inclusión y rompiendo estereotipos.
 
“La brecha digital en realidad es brecha social”, dijo la comunicadora Dafne Plou, plasmando en una frase la primera jornada del seminario “Más derechos, menos brechas: ampliando fronteras hacia la democratización”. “La batalla sigue siendo tal cultural como hace 30 años”, agregó Lilian Celiberti, feminista uruguaya, en otra síntesis tan justa como la primera, en un encuentro entre comunicadores, hombres y mujeres del Cono Sur, en donde se reflexionó sobre la necesidad de que la tecnología también sea incluyente.

El seminario fue organizado por la Asociación Mundial para la Comunicación Cristiana, una ONG que viene trabajando hace 50 años en esta línea. Y cuyo trabajo más visible, por lo menos en nuestro país, es el Monitoreo Global de Medios, que cada cinco años, y siguiendo con las pautas trazadas en la Conferencia de la Mujer de Beijing (1995), registra y analiza cómo los medios de comunicación tratan a las mujeres en más de cien países de todo el mundo. Como plasmó Dennis Smith, presidente Mundial de la WACC, en la apertura, la misión es “comunicación para todos y todas”. Cuestiones urgentes de justicia e igualdad siguen pendientes en todo el mundo a pesar de los avances tecnológicos y la globalización. “A pesar del potencial de los medios sociales, un grupo pequeño de medios poderosos sigue determinando cuáles son las voces escuchadas. De esa forma crean opinión pública moviendo al público hacia la guerra o hacia la paz”, dijo Smith, instando al periodismo a visibilizar las preocupaciones de las y los excluidos.


“Los derechos a la comunicación plantean que la esfera pública debe ofrecer a todos la posibilidad de participar y acceder a la información y al conocimiento necesario para fortalecer la democracia y la transparencia en la gestión pública, entre otras cosas”, agregó. También recordó que los derechos a la comunicación insisten en asegurar la presencia de una diversidad de identidades culturales que promuevan el bien común. La experta María Teresa Aveggio remarcó el momento histórico que está atravesando la región: “América latina está viviendo un proceso muy interesante en el derecho a la comunicación. Hace 20 o 30 años era impensable que la comunicación fuera un derecho y que los seres humanos tuvieran derecho a ella. En nuestro continente nació este concepto como algo de la empresa privada. Los cambios en los últimos años auguran un futuro bueno”. En términos de comunicación, América latina se ha convertido en un “laboratorio para experiencias distintas y de esperanza”.


La discapacidad en los medios

“No hay comunicación sin compromiso de inclusión. Hay que incorporar los sujetos diversos en nuestra comunidad. Uno de esos sectores son las personas con discapacidad”, dijo Luis Aguirre, presidente regional de la WACC de América latina, desde La Paz, Bolivia.

Justamente en el panel central de apertura estuvo sentada Verónica González, columnista sobre personas con discapacidad en Visión 7 desde 2010. “Antes la discapacidad era una cuestión médica y la persona se tenía que adaptar al entorno hostil. Ahora también se pone el foco en las barreras del entorno para ejercer los derechos más allá de la deficiencia que existe”, planteó. “Cuando hablamos de accesibilidad, pensamos en la rampa, pero también tiene que ver con el acceso a la información. No es sólo que haya Braille o lengua de señas, sino que tiene que ser simplificado para que lo puedan entender las personas con discapacidad intelectual, que no comprenden el lenguaje abstracto”.

González dijo que hay que ofrecer formas de asistencia a las nuevas tecnologías para asegurar el acceso a la información. “Con el acceso a Internet no resolvemos todo. La mayoría de las páginas web tiene mucho flash o gráficos no etiquetados que nos complica mucho a las personas con discapacidad visual. Esto es porque tampoco está en el interés de las empresas y los medios de tener en cuenta a este público”. Aunque como plantea la Convención por los Derechos de las Personas con Discapacidad, de Naciones Unidas, ratificada en 2008 por la Argentina, las obligaciones no sólo son de los Estados, sino también de las empresas.

En relación con la accesibilidad, la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual contempla la interpretación en lenguaje de señas, subtitulado, audiodescripción para personas con discapacidad visual: relato de cuestiones visuales. Esto último, “nos ayuda sobre todo en las películas porque no tenemos que estar con alguien al lado contándole todo lo que pasa”, explicó González.

Para que la información sea accesible, hay barreras tecnológicas: son programas muy costosos, por ejemplo, o hay tecnología que no está adaptada. Sin embargo, remarcó González, las barreras más difíciles de erradicar son las sociales:

- Hay escasa formación en discapacidad (el tratamiento en los medios suele ser amarillo).

- Infantilización: se ven muchas notas en la que se habla con los padres y el terapeuta, y la persona con discapacidad está ausente, por ejemplo.

“El desconocimiento, las faltas de ganas de conocer, preconceptos, prejuicios; la subestimación es grave y viene muchas veces del mismo entorno familiar. Eso es difícil de revertir, si uno tiene carácter sale, y si no, se queda en que es una pobre persona con discapacidad”.
 
Tecnofóbicas

El otro gran tema en relación con la desigualdad de acceso a las tecnologías es el de las mujeres. Lo puso en escena Vera Vieira, periodista con un doctorado en Comunicación, de Brasil. En un país de 190 millones de habitantes como nuestro vecino, hay 105 millones de internautas. Es el quinto país más conectado. Veintisiete millones tienen banda ancha y hay 100 millones de computadoras en el país, según datos de Ibope de 2012.

Según la investigación TIC Domicilios (Cetic) de 2010, señaló Vieira, hay paridad en el acceso de hombres y mujeres a las tecnologías pero hay diferencias: los hombres actualizan más blogs y sitios, participan más en foros y grupos de discusión, y mucho más en la producción de tecnología, software y hardware. Por eso dijo que las mujeres necesitan políticas públicas y formación en nuevas tecnologías.
Los objetivos específicos son los que se vienen repitiendo desde la Conferencia de Beijing al presente en cuanto espacio para pensar la relación entre mujeres y medios: promover una imagen no estereotipada de las mujeres, valorizando la diversidad, promoviendo iniciativas de producción cultural de mujeres sobre mujeres, contribuyendo para el debate del marco regulatorio del sistema de comunicación.

“Las barreras culturales de género impiden que las mujeres participen plenamente del mundo de la tecnología, incurriendo en los que se denomina tecnofobia. Los programas de aprendizaje deben estar diseñados para las mujeres como usuarias, técnicas, formuladoras de políticas y agentes de transformación”, dijo Vieira. Ella está convencida de que los medios digitales pueden “reconfigurar las imágenes de las mujeres”. Rescató los aspectos positivos de la movilización en la red, con la que se logró frenar el aumento del pasaje en colectivo: una “victoria histórica” de la población brasileña. También recordó las cuestiones negativas. Mostró una imagen de una chica golpeada con la frase “esta perra no sabe cuándo callarse. ¿Y vos?” que se viralizó por la red. “Esto trae una discusión de hace 30 años. Lo que aparece en Internet antes aparecía en revistas. Hoy es viralizado y en forma digital accede a un público mayor”, apuntó Celiberti, de la organización Cotidiano Mujer, y llamó a “no hacer un marco absolutamente regulatorio, pero no habilitar tampoco a que esta violencia simbólica se multiplique en las redes”. 

Finalmente pidió a las organizaciones sociales de mujeres que hablen para el público en general: “Si hablamos para nosotras mismas, no es real”.
 

Nota Relacionada│“La brecha digital es social”  
 
Vera Vieira, Coordinadora de la Red de Mujeres de Educación. Doctora en Comunicación, la periodista brasileña Vera Vieira fue entrevistada por Página/12 en el marco del seminario “Más derechos, menos brechas”. Sostiene que se debe cambiar el “tratamiento estereotipado de los medios” en relación con la mujer.
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